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lunes, 23 de agosto de 2010

Opus otoñal

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Mi cita es aquí y ahora y cito... "El que no cae resbala"


Los pájaros llenan el aire
con las notas de su brutal música.
no como ríe el mar, sino como suele suceder
ay, cuando el atardecer yace sobre los manglares
La sinfonía Andante de Mózart termina súbitamente
despertando en mí una pasión de atemperadas resonancias
y me desordena y me hace perder la tranquilidad de mis nervios

Pero de por sí, en los mismos términos:
Los dedos cubiertos de cuero y seda de una muchacha exótica
que hace el amor con levedad sobre un clavicordio.
Llueven milenios de depredación, de entropía
ya solo nos quedan jirones de junglas incineradas
de un Bosawás cremado, yerto, cerrado en lagrimas
El agua fría, rigurosa cayendo de las montañas
con estremecimiento insolente
se aleja vestida de guijarros y piedras trepidantes.

La naturaleza habla dulcemente pero a veces tiene voz altanera,
y muestra abiertamente su grosería clara, límpida e impersonal
cuando se le ha traicionado
se cierra letal en vendavales y magma
Sobre el borde de su aurismatico carro, el sol sube sobre las aguas
y destella como la añorada luz del último verano

En un caracol escuchas los tiburones del tiempo
que comen pequeños y felices peces, divirtiéndose
con rebosantes diatribas en un ahuecado mar dulce
y su río desaguando sus podredumbres morales
y los pájaros que golpean los tímpanos de las nubes,
aletean con desgana sus alas indiferentes.

Después que una tormenta estival ha pasado
y ella sale tal como había entrado
dejando el alma sin denuedo, sin más aliento para el cuerpo.
el viento de clarinete con agitada desesperanza sube,
y me hace perder la visión completa del corazón
Arremolinándose de algún otro modo
en la sustancia azul de un amoroso deseo.

Y tendré que enfrentar desde el mismo centro de la impotencia,
el dolor y la pesadilla que me induce a inmolaciones,
de pie, con la fuerza y la determinación de los íntimos sueños
eternamente prendidos en vocales y consonantes.
He de vivir manso hasta entonces devorando mis días
apareciéndome en su solaz con versos directos
diluvios que preñan las horas en soledad
Pues, de los corazones es el amor, de la voluntad la férrea decisión de amar.

Las voces en las diminutas partículas acuosas
son rebeldes llantos, cristaloides efímeros,
que repiten los círculos evolutivos
porque desde el principio ya estaba predestinado
a estos giros, a entregármele a fuego lento
tendido sobre el barro, la fiebre de silencio
que flota en el osado rumor de la imaginación…

Providencia huracanada que llena el abismo que nos separa,
humilde tinta de otoño, humor que incendia monasterios
sueños que quisieron ser y nunca fueron. Caja de resonancia
que traspone con sigilo la frontera de los acantilados
que danza cantos indestructibles, erige templos y duerme
aquietándose finalmente en el perfil de otro mundo.


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3 comentarios:

Mafalda dijo...

...

Tu opus otoñal tiene las vivencias más extraordinarias.

Tus manos creadoras de palabras se dejan llevar por la memoria.

En uno de los giros de caracol, resbalándome, estoy yo, ¿me recuerdas amigo?

Un beso para ti.

Mafalda

La sonrisa de Hiperión dijo...

Amigo, un placer haberme pasado por tu espacio, para echar un ratito de lectura. Me voy encantado.

Saludos y un abrazo.

elisa...lichazul dijo...

excelentes letras!!
felicitaciones y seguir en la creación

besitos de luz